En Almodóvar del Campo, provincia de Ciudad Real, vio la luz Juan Bautista Rico. Esta noble villa del entonces Campo de Calatrava dio en el siglo  XVI varios varones insignes, entre quienes destacan el Beato Juan de Ávila y el Beato Juan Bautista Rico, conocido con el nombre y apellido  religioso de Juan Bautista de la Concepción. Nacido el jueves 10 de julio de 1561 y   bautizado el 17 del mismo mes y año,  viene a reanudar la serie de esforzados reformadores qué conoció España en aquel   siglo. El ambiente religioso y severo  de la familia a que pertenece, Marcos García e Isabel López Rico, distinguidos en el   pueblo por su posición de  acomodados labradores y por su acendrada piedad, le marca desde los primeros   años y le orienta por los caminos  de Dios. Los ejemplos de los santos que oyó leer y ponderar en la casa de sus   padres, fueron objeto de su  imitación desde los primeros años. Con ingenua sencillez y, sí queremos, con   puerilidad comienza desde  estos años a jugar al santo. Los relatos que su hermano mayor nos ha dejado de   estos años nos parecerían  exageraciones si no se viesen confirmados con las señales que dejaron en Juan para toda la vida. Cilicio, disciplinas,  ayunos, lecho duro, fue probando a escondidas de sus padres y también a   sabiendas, aunque procurando  refrenarle. La salud se le estragó, viniéndosele a secar un lado y durándole este mal   casi dos años. Más valiosas que  las austeridades fueron las devociones fundamentales que de aquel hogar sacó,   cuales son él espíritu de  caridad con los pobres y la devoción a la Virgen María y el amor al sacramento de la   Eucaristía. A imitación de una  santa cuya vida leyó, hizo a los nueve años voto de virginidad. Contaría Juan trece o quince años cuando pasó la Santa Madre Teresa por Almodóvar y   se hospedó en la casa de Marcos  García. Dice el hermano mayor de Juan que, al llegar éste del estudio, le dijo la   Santa: "Juan, estudia, que  me has de seguir". Y en la despedida, presente toda la familia, volvió sobre el   mismo tema, diciendo a la  madre: "Usted, patrona, tiene aquí un hijo que ha de ser un muy gran santo,   patrón de muchas almas  y reformador de una cosa grandísima que se verá". Esto acaeció en el 1574 o en el 1576.  Dotado el niño Juan de espíritu despejado, muy pronto fue iniciado en la   gramática, que más tarde  perfeccionó en dos cursos con los PP. Carmelitas Descalzos de Almodóvar.   Después comenzó la  teología en Baeza y la prosiguió en Toledo, donde conoció a los PP. Trinitarios   Calzados. En 28 de junio  de 1580 toma el hábito en el convento trinitario de Toledo y hace el noviciado   bajo la dirección del  padre Alonso de Rieros. Extraña mucho que, habiéndose amamantado en el   austero espíritu  carmelitano y profesando una entrañable devoción a la Santa Madre Teresa,   cuyas obras vemos por  sus escritos que conoce a perfección, fuera a parar a una Orden de regla   mitigada y sin grandes  austeridades. Aquí se abre un paréntesis a su espíritu penitente, que vivirá doce   años con la vida más  suave y llevadera de los PP. Calzados, enlazando al fin con la austeridad, al   instaurar la reforma de la  Orden Trinitaria y la vuelta a la regla primitiva. La pasión de Cristo fue el tema   predilecto de oración  durante el noviciado. Profesa el 29 de junio de 1581. El Beato Simón de Rojas, que   entonces comenzaba a ser  profesor de Artes y más tarde fue conocido en la corte de Felipe III, estaba probablemente en aquel año en Toledo y con él repasó la filosofía.  Cursa cuatro cursos de teología en Alcalá de Henares. Acabados sus estudios, el espíritu de este hombre no es detenido por su maltrecho cuerpo. La predicación durante las Cuaresmas y por el año era su quehacer principal. Un compañero suyo decía al padre superior: "Mande al padre Juan  que no predique de esa manera, que nos acaban y quitan la vida las confesiones generales que vienen". En efecto, por las pláticas que dejó  escritas vemos una elocuencia abundante, llena de imaginación, conceptuosa y llena del amor a Cristo.  El espíritu de Juan Bautista no estaba sosegado en el marco de vida morigerada que en Sevilla llevaba. Ve con buenos ojos un conato de  recolección de los PP. Calzados que con modos imprevistos comenzó a ejecutarse. El padre Dueñas, que lo iniciaba, quiso tener consigo al padre  Juan, pero no estaba decidido. "Mi poca salud, dice él, que aún me tenía casi de ordinario con calentura continua". Luego la consideración de sus  pecados. Y, por fin, le atizaba el respeto humano de qué dirían por sepultarse en una aldea. Con estas luchas íntimas sale de Sevilla. Ya había pasado de Écija, cuando "viene una nube sobre mí que sin saber donde se juntó y formó, con  tales truenos, relámpagos, piedras y aire, que cada relámpago que sobre mí caía era un rayo que me decía: enmiéndate, que si no acabarás.  Pasó la tempestad y yo quedé Recoleto con voto y con obligación, con deseo y con voluntad". Entonces se abrazó Juan Bautista a la voluntad de Dios de tal modo que ya jamás se desviará de ella. Consigue ir de ministro a Valdepeñas.  Después decide ir a Roma para salvar la recolección. Superados muchos obstáculos, llega a la Ciudad Eterna el 21 de marzo de 1598.  Aquí fueron sus trabajos indecibles. Los PP. Calzados movilizan toda su influencia en la corte de España. El Procurador lleva la lucha contra el  reformador sin escrúpulo en los medios. Éste se ve inmovilizado casi dos años en el convento de los PP. Carmelitas Descalzos. En esta época  sufre unas purificaciones pasivas que le acercan a Dios. Se abraza denodadamente a la cruz de Cristo. "Me enamoré de la vida de trabajos, la que acepté, la quise, la abracé, la amé y la reverencié en nombre de Jesucristo".  Consiguió el breve de erección de la reforma el 20 de agosto de 1599. Vuelve a España y toma posesión del convento de Valdepeñas en 1600. Entonces estuvo a punto de perecer en manos de sus contrarios. Pronto  comenzó a recibir nuevos religiosos que llevaban una vida de mucho rigor en la comida y en el vestido, vacaban a la contemplación y a las obras  de caridad propias de los trinitarios. Desde 1601 al 1605 se preocupa de consolidar la reforma, fundando ocho conventos, entre ellos Alcalá,  Madrid y Salamanca. Las dificultades que hubo de vencer en algunos de ellos fueron muy serias, añadiéndose los impedimentos que le puso el  visitador a fin de prolongar un mandato que cesaba con la fundación de la octava casa. Esta contradicción brotará otra vez y será causa de  padecimiento al reformador hasta la hora de su muerte. Elegido provincial, continúa fundando hasta siete casas, algunas importantes, cuales son Salamanca, Baeza, Córdoba, Sevilla y Pamplona. Visita  los conventos, alienta a los religiosos, predica, escribe y no conoce descanso. Su actividad literaria, que llena ocho nutridos tomos y es un rico  arsenal místico, ascético y autobiográfico, corre durante estos años colmados de preocupaciones por la Descalcez. Es un espíritu en carne flaca,  pero lleno de amor a Cristo. Cesa de ser provincial en el 1609, no sin antes haber padecido la visita del padre Andrés de Velasco, que, sin  embargo, declaró no haber hallado pecado venial en la religión. Sin amargor, sin resentimiento por los padecimientos personales, sólo se queja del daño que padece la religión. Con muchos trabajos realiza la  fundación de Toledo (1611). Generosamente se ofrece a llevar a cabo la de Sanlúcar de Barrameda, a pesar de la dolorosa operación de vejiga  que acaba de sufrir. Desangrado y sin fuerzas llega Sanlúcar y comienza los trámites para fundar. Le ordena el padre provincial que suspenda sus gestiones. Obedece sin réplica y no para a considerar el modo violento con que se transmite esta orden. Se retira a Córdoba acabado de la  infección que había minado su organismo, y, tendido en cama, recibe el anuncio de la muerte con las palabras del salmista: "Heme alegrado en lo  que se me ha dicho, iremos a la casa del Señor". Exhaló su espíritu para entregarlo al Señor, mientras cantaban los religiosos a su alrededor el  Símbolo de la Fe. Era el jueves 14 de febrero de 1618. La senda de rigor y entrega a Cristo por él iniciada fue seguida en la Descalcez trinitaria  primitiva por figuras tan grandes como son el Venerable Tomás de la Virgen y San Miguel de los Santos. Él injertó nueva vida en el tronco  multisecular des la Orden Trinitaria, rejuveneciéndola con una vuelta a la austeridad primitiva y al celo por la salvación de las almas que él  mismo concretizó en la redención de los cautivos cristianos, en la misión entre infieles y en la predicación de la palabra de Dios entre los  cristianos. Gracias a su iniciativa pudo superar la Orden los sucesivos vendavales que casi la extinguieron, teniendo su brote en la rama Descalza.   Textos de: JESUS DE LA VIRGEN DEL CARMEN, O. SS. T.  Del brillante pulpito de Sevilla al pobre pueblo de Valdepeñas   Lo que le acaeció al Reformador el mismo día 28 de Enero de 1596 en Sevilla.   “Hallábase a la sazón en Sevilla el Beato Juan, y parece ser veía desde allí lo que pasaba en Valdepeñas, pues predicando este día de San Inés  –desde que subí al púlpito, dice el Beato padre, hasta que bajé, yo no fui mío; ni sé como hablaba, ni quien me decía las cosas que predicaba.  Todo un sermón de excelencias del propio hábito, de su institución y principio, de las excelencias de Santa Inés en la Orden….Que no puedo  entender sino que hoy le está naciendo señaladísimas mercedes y obrando grandes misericordias con ella…Algunos días después llegó a Sevilla la noticia de lo ocurrido en Valdepeñas, el citado día de Santa Inés y conocieron todos el espíritu profético con que habló el Beato Juan Bautista de  la Concepción (9).  A partir de este momento, el camino de Juan Bautista será abandonar los aplausos del buen predicador de Sevilla e ir a Valdepeñas para  emprender la obra de Reforma de la Orden Trinitaria. En sus obras recordará todos los obstáculos que encontró en el camino a Roma para  conseguir de manos del Papa Clemente VIII el breve de la Reforma. E incluso teniendo ya el breve, recuerda como el demonio le tienta: “Desde  el día de este glorioso santo (S. Bernardo) hasta demediado octubre, que fueron justos dos meses, zarzeó tanto el demonio, procurando como  raposa mil enredos y rodeos para estorbar mi venida” (Tomo VIII, 136b).  Texto: ÁNGEL GARCÍA RODRÍGUEZ (Trinitario - Málaga)  La fundación de la Orden de la Santísima Trinidad, se remonta al 17 de diciembre de 1198, cuando se les aprueba a sus fundadores, San Juan de Mata y San Félix de Valois, las Reglas por el Papa Inocencio III. Hecho ocurrido entre la 3ª (1189) y 4ª (1202) Cruzada a Tierra Santa. En la Fraternidad de la Orden de la Santísima Trinidad hubo príncipes y reyes, como Luis IX rey de Francia. Fernando III rey de Castilla, Isabel reina de Portugal. Guillermo rey de Escocia. Además de sacerdotes y Obispos. Entre ellos, Juan de Ribera. Diego de Cádiz. Enrique de Margalhan, párroco de Santa Marta de Marsella, que fundó una congregación de Religiosas Trinitarias en Marsella en 1845. Francisco Méndez Casariego, Canónigo de la catedral de Madrid realizó lo mismo en España. Algunos Papas, devotos de la Stma. Trinidad y deseando participar más directamente en el rescate de cautivos, entraron en la Orden Tercera Trinitaria, desde Gregorio X en el siglo XIII, hasta Benedicto XIV en el siglo XVIII, entre ellos el desgraciado Para Pío VI que murió exilado en Valance (Francia). En el año 1248 se produce la llegada a España de la Orden.En 1580, se rescatan 241 cautivos, entre ellos el mismísimo don Miguel de Cervantes.En el año 1599, se lleva a cabo la Reforma de las Reglas de la Orden en España, a cargo de San Juan Bautista de la Concepción. Nuestro Padre Jesús Rescatado Cruz Trinitaria La Cruz Trinitaria, roja y azul, es  tan antigua como los propios  Trinitarios, su origen se remonta a  finales del siglo XII.  Concretamente, al año 1198, fecha de aprobación de la Reglas por el  Papa Inocencio III. El símbolo que San Juan de Mata quiso dejar para todos los trinitarios es la representación de la visión que tuvo durante la celebración de su primera Misa, y que le animó a comenzar su misión como trinitario. Cuenta la tradición que cuando Juan de Mata celebraba su primera Misa, al elevar la vista tuvo una visión que representaba a Cristo con dos cautivos a sus lados, uno blanco y otro negro, en actitud de liberarlos. Juan de Mata no pudo olvidar nunca esta imagen y la mandó poner en la fachada de la Casa de la Santísima Trinidad de Roma (Santo Tomás in Formis), donde aún se encuentra. Encargó el mosaico a dos de los mejores artistas de Roma y desde entonces ha sido el signo y el sello de todos los trinitarios, es lo que pone a su alrededor: Signum Ordinis Sanctae Trinitatis et Captivorum (Signo de la Orden de la Santísima Trinidad y de los Cautivos). La imagen representa a un Cristo Pantocrator sentado que toma de la mano a dos cautivos situados a cada uno de sus lados, en actitud de intercambiarlos y liberarlos. El cautivo de su derecha es blanco y sostiene un estandarte con la cruz trinitaria en su extremo, sus cadenas llegan hasta el trono en que se sienta Cristo, su mano derecha está caída, lo que significa sumisión y respeto, y su mirada se dirige directamente a Cristo. A la izquierda de Cristo hay un cautivo negro, el modo en que en esa época se representaba a los infieles y a los musulmanes. El extremo de sus cadenas lo toma con su propia mano, representando que es cautivo de sí mismo, de sus ideas, la mano que coge Cristo está levantada y su mirada se fija en la tierra, simbolizando que no conoce a Cristo o que se resiste a él. Lo más sorprendente de este mosaico es que Cristo toma por igual a un cristiano y a un musulmán y libera a ambos. Puede se que esto hoy no nos llame la atención, pero es que estamos hablando del siglo XIII, cuando en plena cruzada un hombre llegado de Francia se atreve a colocar en la calle, a escasos metros de la sede del Papa de Roma (San Juan de Letrán), un gran mosaico en el que Cristo se acerca por igual a un cristiano y a un musulmán, a un blanco y a un negro. Versión de la cruz "patada"  trinitaria, el símbolo  primitivo de la Orden de los  Trinitarios Calzados Villanueva de los Infantes (C.Real)